Ya oí demasiadas veces, cuando era pequeño, aquello de “ya te lo decía yo” como para ponerme en el mismo plan. Pero solo una vez, esta, lo haré… Allá por 1995 (sí, hace doce años) surgió en una comida entre amigos un entretenido debate sobre el futuro del soporte digital de la música. Para todos estaba claro que el CD ya necesitaba sustituto y que la época coincidía con la aceleración exponencial del “recambio tecnológico”: en los distintos soportes de audio y sistemas de radiodifusión y televisión se había pasado de 50 años a 30, de 30 a 15, de 15 a 10 y… ¿qué era lo siguiente?
Nada. No había nada anunciado. Y lo que entró fue vértigo y temor… ¿de verdad que no hay nada previsto para sustituir al CD? (el DAT de SONY se había convertido en un soporte profesional y el DCC de Philips se la pegó en toda regla). Yo, por aquel entonces, vivía inmerso en aquel maravilloso cruce entre la informática y la cultura (alias “el mundo multimedia”) y me atreví a apostar por mi solución de futuro: el “estado sólido”. Nada giraba ni se iluminaba, se conectaba a un pequeño aparatito una “pastilla” que llevaba la música (una memoria) y aquello sonaba digitalmente bien.
Los otros comensales se miraron y sonrieron como diciéndose “ya está aquí el loco de siempre”, pero resultó que yo casi tenía razón… hoy nuestra música se graba, se transporta y se escucha en aparatos y formatos de estado sólido. Fueron los del Instituto Fraunhofer de Alemania los que poco después desarrollaron el MP3 y dieron el pistoletazo de salida a los codecs (codificadores-descodificadores) que hacen factible la compresión de la música.
¿Y, mientras tanto, las grandes compañías de electónica de consumo y las grandes discográficas qué hacían? Pues nada-de-nada. Forrarse, dormirse, acomodarse, esperar y verlas venir. ¿Quizá influiría que los desarrolladores del CD eran ambos dueños de grandes compañías discográficas multinacionales? ¿Quizá lo cómodo era estirar la goma del CD disminuyendo su coste y aumentando su beneficio?
Pero, claro, todo tiene su fin… cuando apareció, el CD costaba la mitad (o menos) que el disco de vinilo y se vendía a casi tres veces su precio. El CD tendría que haber bajado pero -salvo en las series especiales y en las rebajadas- NUNCA lo hizo. Y llegó un momento que su gráfica de aumento de precio se cruzó con la descendiente de sus ventas. Y más, más, más bajo, sin solución. Aparecieron el “Top Manta” y Napster (luego eMule y similares) hasta que la cifra de beneficios empezó a convertir el negocio del disco en algo nada rentable (los artistas empezaron a valorar el directo como la fuente auténtica de sus ingresos).
Y la de siempre, esa gestora privada que intenta rascar de cualquier sitio, vió también descender sus ingresos automáticos por ventas de discos. Y, claro, menos pelas son menos edificios suntuosos, menos provisión para los malos artistas bocazas metidos a grandes voceros societarios. Así que, ante la inacción de las discográficas, pese al aviso, hay que ponerse manos a la obra y presionar para arañar de donde sea: cámaras digitales, teléfonos móviles, reproductores MP3, CD y DVD grabables, discos duros… Hay que crear la conciencia de que el inocente es siempre un presunto culpable y, así, cobrar lo que llamaremos “cuotas” o “tasas” pero que son auténticos IMPUESTOS recaudados por una entidad privada a repartir entre ciudadanos privados.
La solución llegará de mano de negocios como iTunes o similares, la microtransacción llevada al mundo de la música. El negocio cambiará totalmente (de hecho ya ha cambiado) y las discográficas serán las gestoras de estas microtransacciones. Así, tendremos unos negocios adaptados a la época en la que vivimos y unos autores que se dedicarán a lo que deben dedicarse, que es a crear y a cobrar un porcentaje por lo vendido de su creación, no el fruto de un impuesto que más se parece a un atraco a mano armada.
(NB) Copyleft
Os recomiendo que leáis la última información sobre este tema publicada en El Mundo.es: “El PSOE logra el apoyo para mantener el canon digital que grava móviles y MP3″:
http://www.elmundo.es/navegante/2007/12/20/tecnologia/1198162859.html?a=73fc27e9472621d2aaaa4584f60a0d1a&t=1198182462 .Además, son fantásticos y muy ilustrativos los artículos de Javier Capitán en su blog:
“La presunción de culpabilidad”
http://elblogdelcapi.wordpress.com/2007/12/18/la-presuncion-de-culpabilidad/“The canon, my friend, is blowing in the wind”
http://elblogdelcapi.wordpress.com/2007/12/18/the-canon-my-friend-is-blowing-in-the-wind/“El dios canon se me ha aparecido”
http://elblogdelcapi.wordpress.com/2007/12/20/el-dios-canon-se-me-ha-aparecido/ .




























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