Por ALBERTO ESTEBAN (SOITU.ES) , 25-03-2008
Tiene 102 años. En 1929 terminó sus estudios con una tesis doctoral sobre la estructura química de la quitina, la sustancia de la que está hecha la concha del caracol. Nueve años después descubrió la dietilamida del ácido lisérgico (LSD), el alucinógeno más consumido en el siglo XX. Setenta años más tarde, el químico Albert Hofmann se muestra más lúcido que nunca. En dos conversaciones con el periodista italiano Antonio Gnoli y el filósofo Franco Volpi, Hofmann ha diseccionado su pensamiento, pero sobre todo sus más de cuatro décadas en los laboratorios de la empresa farmaceútica Sandoz. Lo más inesperado y atractivo, los detalles sobre el gran interés que mostró el Office of Strategic Services de EEUU, la futura CIA, por el ácido visionario.
Las dos conversaciones acaban de ser publicadas por Siruela bajo el título ‘El Dios de los ácidos’, y allí Hofmann cuenta cómo la investigación sobre el LSD dio un giro imprevisto cuando el Office of Strategic Services de EEUU (órgano que luego derivaría en la CIA) se interesó por el alucinógeno que acababa de sintetizar. Antes, los servicios de inteligencia habían utilizado otras sustancias psicotrópicas como la escopolamina (un alcaloide que anula la voluntad del individuo y le hace perder la memoria), o la mescalina (otro alucinógeno).Los agentes americanos buscaban métodos para descubrir filocomunistas en el seno del ejército. Hofmann cuenta que por iniciativa del director de los Servicios Estratégicos, el general Wild Bill Donovan, “se creó un consejo secreto que debía organizar la experimentación ‘no convencional de agentes de guerra’. En ese cuadro, la División Química dio vida en 1953 al Proyecto Mk-Ultra, cuya tarea era estudiar los efectos del LSD y su eventual empleo contra elementos antiamericanos”.
Los famosos tripis podían inducir estados psicológicos temporales y la agencia de inteligencia buscaba un arma inhibidora no letal contra el enemigo. “En aquellos años, Sandoz produjo para la CIA grandes cantidades de LSD, y también se nos pidió que informáramos a la organización americana acerca de otras eventuales adquisiciones relevantes que tuviéramos”. Después de explicar que la CIA experimentó con este alucinógeno en soldados y civiles norteamericanos, en camboyanos y vietnamitas, Hofmann asegura que la agencia diversificó sus investigaciones, en las que hizo participar a la Josiah Macy Foundation y al Geschickter Fund for Medical Research, dos de las más prestigiosas instituciones científicas de Estados Unidos. Muchos psiquiatras y psicoterapeutas utilizaron el LSD.
Uno de los episodios más graves del que tuvo conocimiento Hofmann ocurrió cuando la División Química de la CIA invitó al Army Chemical Corps (su análogo en el Ejército) a una consulta científica, “durante la cual los químicos militares fueron sometidos, sin su conocimiento, a un experimento con LSD, pero uno de ellos, presa de alucinaciones, se arrojó por la ventana y murió. Naturalmente, el asunto se mantuvo en secreto”, recuerda Hofmann. Todo ello se confirmaría en 1977 en una comisión del Congreso americano presidida por Edward Kennedy.
En 1959, la CIA (tras numerosos experimentos) concluyó que el LSD no le valía para sus fines, ni como droga de la verdad ni como arma no letal.
¿Prohibido por motivos sanitarios?
Cuando el filósofo y el periodista comentan la extensión que tuvo el LSD en los EEUU de los 60, Hofmann admite que la prohibición de este alucinógeno se debió más a razones políticas que sociales o de salud. “La alarma se disparó porque el consumo de LSD se había extendido entre los movimientos de oposición y se había creado la alianza entre la nueva izquierda y el movimiento psicodélico“. En 1966, el LSD se declaró sustancia ilegal. Para poner fuera de la ley a esta sustancia se la tuvo que redefinir como droga carente de utilidad médica y científica. El senador Robert Kennedy, presidente del Congreso, llegó a pedir explicaciones: “si hasta hacía seis meses el LSD era una sustancia psicotrópica válida, utilizada en psicoterapia ¿por qué no iba a seguir siéndolo ahora?”.
Tras la prohibición, la empresa Sandoz sólo producía cantidades mínimas de este alucinógeno a petición de la CIA, “que continuaba investigando sus efectos por su cuenta”. El descubridor reconoce que la farmaceútica no ganó dinero con el LSD porque “se distribuía a un precio irrisorio únicamente a instituciones de investigación y para fines de estudio”. Se creó también el fármaco para psiquiatría Delysid, pero tras la prohibición fue sólo un compuesto experimental y no pudo convertirse en una sustancia comercial a gran escala.
Para Hofmann, el LSD fue una vía para llegar a una experiencia mística del cosmos
A pesar de su elevada edad, Hofmann habla también sobre la legislación que debería afectar al LSD. “Una prohibición absoluta, draconiana, no es eficaz. El Estado debería controlar su producción, calidad y distribución. Ésta última debería tener lugar bajo control médico. El LSD no crea dependencia, no es tóxico ni venenoso y es de fácil producción. Es, por lo tanto, diferente de las auténticas drogas que crean dependencia y empujan al uso crónico. El LSD es peligroso solamente por su inimaginable potencia y por los efectos psíquicos que puede producir (…) El prohibicionismo total no protege a los jóvenes y es provechoso sobre todo para los criminales que gestionan el mercado negro”.
Hofmann, nacido el 11 de enero de 1906, reconoce ahora que el LSD fue para él una vía (química y farmacológica) para llegar a una experiencia mística del cosmos. “Por supuesto que hay otras, como la ascesis, el ejercicio, la meditación, que son mucho más largas y fatigosas”.
Foto: El padre del LSD se confiesa
http://www.soitu.es/soitu/2008/03/24/actualidad/1206392516_111970.html .





























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