8 Mayo 2008...10:52

Leopoldo Calvo-Sotelo según Figuerola y Capitán

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Sin Calvo-Sotelo, menos Duende


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Luis Figuerola-Ferretti en El duende de la radio, 4 de mayo de 2008 

Todos los que han seguido al Duende desde su paso por la SER saben los motivos por los que le debía estar tan agradecido a Leopoldo Calvo-Sotelo (así, con guión, que no se sabe por qué se tiende a suprimir ahora en los apellidos compuestos). El caso es que aquel presidente de gobierno que después de la labia de Felipe González y el gracejo malvado de Alfonso Guerra, tan fácilmente imitables, aparecía como la dignidad marmórea inasequible a la caricatura, propició algunos de los chispazos más hilarantes de la larga colaboración entre Javier Capitán y el Duende. Primero haciendo un dúo de expresidentes con Adolfo Suárez, luego con un pintoresco representante que promocionaba al aparentemente severo Calvo-Sotelo como humorista. Qué buenos ratos pasamos con el Poldo Mix.

Está muy feo echarle de menos sólo por la punta que le sacamos en la radio. Sin embargo lo bueno de la caricatura es que te obliga a fijarte en el personaje y garrarte a sus flecos amables. Dejando a un lado sus rasgos más fácilmente parodiables, uno estudia su biografía y los breves contactos que tuvo con él no puede evitar el respeto y hasta el afecto. El Duende le escribió dos o tres ocasiones. Siempre respondía con un tarjetón escrito a mano, y con detalles que individualizaban el mensaje. Es decir, que se tomaba la molestia de recordar a quién se estaba dirigiendo para no hablar con simple cortesía formularia.

En una de mis misivas le pedía disculpas por un exceso que no se si fue de los imitadores o de Julio César Iglesias, tan amigo de poner en riesgo el temple de su entrevistado con una humorada no siempre oportuna. Acababa de salir Leopoldo bis en una de las viñetas matinales que hacíamos hace unos años. Y a continuación había preparada una entrevista con Calvo-Sotelo, el de verdad. Evidentemente, éste había escuchado la parodia y, ni corto ni perezoso, Julio, para abrir boca, le preguntó qué le parecía. Como toda caricatura -contestó el ex presidente con su sorna habitual- evidentemente exageradaPero si tiene usted tan buena imitación, no se para qué quiere el original. No fue nuestro mejor día en la radio. Pese a la buena educación y a la tolerancia para la ironía de don Leopoldo, el hielo se cortaba. Julio, como su tocayo Aparicio, tuvo que hacer faena de aliño.

Pero el almario del Duende es a veces muy escrupuloso. Y, no pudiendo acallar su mala conciencia le escribió disculpándose por el rato incómodo que le habían hecho pasar. Utilizó para ello una frase un poco afectada, algo así como me encocora que a usted le pueda haber sentado mal la imitación. A lo que él contestó: me encocora que te encocore, y que no encocore a quien debería encocorar.

Hoy el Duende siente muy suyas las famosas palabras de John Donne: nadie es una isla, lo que le pasa a otro también te afecta a ti, la muerte de todo hombre te disminuye. Don Leopoldo, tan maltratado en su día por la suerte política y por un pueblo que no repara en los matices, se va quizás sin el afecto que España le debía. Y se lleva una de las cuerdas del violín que más le gustaba tocar a uno. Lo que decía el poeta, que al final las campanas acaban doblando por todos, y que al mosaico de las ilusiones radiofónicas del Duende se le van cayendo teselas irreemplazables.

  http://elduendedelaradio.com/2008/05/04/sin-calvo-sotelo-menos-duende/

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Los reconocimientos tardíos

  

El fallecimiento de Leopoldo Calvo-Sotelo ha reproducido una vez más esa costumbre tan española de la loa a quien no está, de la alabanza del que ya no puede escucharla, del reconocimiento a destiempo.

Leopoldo Calvo-Sotelo ha sido el presidente olvidado, un político del que casi no hemos escuchado referencias durante muchos años. Este fin de semana, su muerte ha supuesto un súbito renacimiento de su figura y se le han reconocido méritos, un buen hacer y un servicio al país hasta ahora sólo susurrados o, más bien, callados. Con Adolfo Suárez pasó algo similar, sólo que en su caso fue la enfermedad la que hizo que empezáramos a escuchar juicios positivos dedicados a su persona y a su gestión al frente del gobierno. En ambos casos, todos esos comentarios da la impresión de que llegan tarde, igual que las condecoraciones y el reconocimiento.

Da la impresión de que en la vida pública española sólo está permitido decir “te quiero” si ya no cuentas, si ya no estás, si has desaparecido. Con Adolfo Suárez y con Leopoldo Calvo-Sotelo, si tan unánime era el reconocimiento y el agradecimiento, hubiera sido muy fácil hacerles un público homenaje cuando estaban en plenas condiciones, entre otras cosas, porque ya no estaban en la batalla política ni se les esperaba y porque ni tan siquiera existía ya el partido político en el que militaron mientras fueron presidentes. 

Al margen de esta observación, quiero referirme al personaje de Leopoldo Calvo-Sotelo que Luis Figuerola-Ferretti recreaba en mi compañía en la radio. La imagen pública y conocida de Calvo-Sotelo por el común de los españoles era la de un hombre hierático, serío, como muy probablemente se desprendía hasta de su propia figura. Sin embargo, quienes le conocían mejor, siempre hablaron del fino sentido del humor que poseía. A partir de ahí, nosotros inventamos un recurso surrealista, el Poldo Mix, que era una casette con la recopilación de los mejores chistes de Leopoldo Calvo Sotelo. Mientras Suárez estuvo bien (luego sería sustituido por un representante de artistas -Coqui-), en la narración del chiste era quien acompañaba a Calvo-Sotelo, obligándole a empezar varias veces (“arriba de nuevo”), a explicar dónde estribaba la gracia del chiste y a especificar el tipo de hilaridad que producía. El Poldo Mix quería evitar la risa de compromiso de quien no entiende un chiste y por eso lo desmenuzaba hasta el final. Fue un recurso que utilizamos durante muchos años y que casi tuvo su club de fans. En ese sentido y a nuestra peculiar manera, contribuimos a mantener en activo la figura del ex presidente.

Leopoldo Calvo-Sotelo estuvo un par de veces con nosotros en La Verbena de la Moncloa   o en el Gran Carnaval. Mi recuerdo de aquellos programas es muy grato y no conservaba la impresión sobre la que escribe Luis en su blog, aunque la verdad es que él tiene una especial capacidad para deducir que todo lo que hace resulta molesto para sus referentes reales. Recuerdo que la última vez, enfrentado al Poldo Mix, Calvo-Sotelo dijo que estaba bastante molesto, porque nuestro Poldo hacía referencias constantes a un vestidor (en el que Luis debía imaginarle acicalándose) cuando resultaba ser que él, el verdadero Leopoldo, no tenía vestidor.

Es verdad que, en el fondo, enfrentarse a tu imitación no debe ser un ejercicio especialmente deseado, pero tengo la impresión de que nuestro ex presidente supo lidiar perfectamente con ello las veces que estuvo en persona con nosotros.

P.D. Las fotografías que ilustran este post pertenecen al archivo de mi tía, Pilar Narvión. Siento no tener ningún Poldo Mix digitalizado para subirlo.

  http://elblogdelcapi.wordpress.com/

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