LA PELÍCULA MÁS ESPERADA DE CANNES: Indiana: las escenas de acción, geniales; la historia, por debajo de las anteriores
- ‘No hago películas para los críticos, las hago para la gente’, dice Harrison Ford

CANNES.- “No hago películas para los críticos, las hago para la gente. No tengo, por tanto, miedo a su reacción. Esta película es simplemente un homenaje al disfrute del cine“. Así contestaba Harrison Ford a la que va camino de ser su pregunta favorita.
Y, ya puestos, su respuesta menos relajada. Acto seguido se le pregunta por qué no le han dado nunca un Oscar y la tenemos. Vamos, que se enfada. El citado fue uno de los pocos momentos animados de una rueda de prensa en loor (y olor) de multitudes.
Por fin, la esperada y ansiada, a juzgar por las aglomeraciones, cuarta entrega de ‘Indiana Jones’ vio la luz ‘urbi et orbe’. A media mañana, en el Gran Théâtre Lumière de Cannes, los periodistas acreditados y algún que otro invitado feliz escucharon por fin la marcha de Indiana justo después de que el monte nevado, marca y símbolo de la Paramount, se fundiera con el montón de tierra de un perrito de la pradera (en cada entrega hay un juego de este tipo).

‘La calavera de cristal’ empezaba y la campaña de marketing más espectacular del cine reciente acababa.
La película, metidos a valoraciones rápidas, supone un bajón con respecto a la mítica trilogía. Para decirlo rápido, las escenas de acción geniales; la historia (firmada por David Koepp, el responsable de ‘La guerra de los mundos’) que las soporta, está muy por debajo de cualquiera de las películas anteriores.
“No nos hemos fijado en nada y en nadie. Simplemente hemos seguido nuestro propio modelo. Al fin y al cabo, el original es nuestro“, comentaba el productor George Lucas para defender la oportunidad de un proyecto que ha esperado 19 años en ver la luz.
A su lado, Steven Spielberg culpaba a los bailes de guión el retraso acumulado: “La película ha salido adelante cuando todos estuvimos de acuerdo en el guión adecuado. Ni más ni menos”.
¿Y sobre las exigencias físicas de una historia que hace saltar sin parar a su protagonista de 65 años? “Yo”, empieza Ford, “soy un actor, no un especialista. Mi misión en la película es transmitir emociones, que la gente se involucre emocionalmente conmigo. Hacer de malabarista no es mi misión”.
Dicho lo cual, el actor volvió a repetir la frase que ha venido recitando desde que empezara a hablar de la película: “El momento más importante de mi vida cinematográfica es este Indiana Jones”.
Lucas aprovechó el momento para recordar lo que son unos buenos efectos especiales: “En el cine actual se abusa. Ahora se puede hacer de todo y eso, en manos no adecuadas, es malo. En Indiana se ha recurrido a la vieja escuela y sólo se utilizan los que ayudan a que avance la historia”.
Por lo demás, Shia Laboeuf se refirió a lo difícil que es montar en moto y a la emoción de estar dentro del mejor equipo posible de la actualidad; Cate Blanchett se disculpó por su parodia del acento ruso, y John Hurt no abrió la boca. “¿Con quién ha desayunado esta mañana?”, preguntó una periodista con un sonrisa a Ford. “Nada de preguntas personales” , respondió un Ford que no tiene Oscar.
Foto 1: De izqa. a dcha, Cate Blanchett, Harrison Ford, Steven Spielberg, Karen Allen y George Lucas. (Foto: AFP)
Foto 2: Harrison Ford y su novia, Calista Flockhart, en la alfombra roja. (Foto: AP)
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/05/18/cultura/1211133017.html .CANNES | EN EXCLUSIVA PARA ELMUNDO.ES:Harrison Ford, sobre Indiana Jones: ‘No pretendemos negar que han pasado 20 años’
Uno de los héroes más queridos de la historia del cine se llama Indiana Jones y, 20 años después de su última aventura, estrena este domingo en el Festival de Cannes ‘El reino de la calavera de cristal’. ¿Estará en forma el arqueólogo? ¿Puede un actor de 65 años dar vida a un aventurero como éste? Sí, porque ‘Indy’, a diferencia de James Bond o Superman, suma arrugas sin complejos.
En exclusiva para elmundo.es desde el certamen, el propio Harrison Ford habla del paso del tiempo, pocas horas antes de la presentación mundial del filme de Steven Spielberg. De una forma novedosa: con un vídeo que ha grabado sólo para nuestros lectores.
P.- Sesenta y cinco años no son un problema para uno de los héroes más deseados del cine. ¿Qué ha aportado la madurez a Indiana Jones y a Harrison Ford?
R.- “Mi ambición es traer nuevos elementos para que la audiencia comprenda al personaje. Más visiones sobre qué experiencias han compuesto su naturaleza y su personalidad y creo que siempre he intentado revelar más sobre la historia.
En ‘La última cruzada’ —la anterior entrega de la saga— el padre de Indiana, que interpretaba Sean Connery, ya explicaba mucho sobre él. No pretendemos negar que han pasado 20 años. Esto nos ha dado la oportunidad de trasladarnos a una época distinta de la historia, otro periodo de la historia de América que es muy importante, es decir, la Guerra Fría y la influencia del mccartismo en la cultura americana. Así que es un cambio muy interesante en el tiempo”.
Artículo original y video en:
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/05/18/cultura/1211114375.html
…..![]()
.
Redacción Internacional.- El verdadero tesoro resultó ser el propio Indiana Jones, que amasó más de 1.100 millones de dólares en las taquillas, pero los misterios del Santo Grial, la Calavera de Cristal y el Arca de la Alianza siguen siendo objeto de debate arqueológico.

.
Aunque la hábil narración de Steven Spielberg haya cerrado con convicción cada aventura del arqueólogo más famoso y atlético del cine, las excusas sobre las que ha hilado la ahora tetralogía de Indiana Jones buscan todavía la explicación definitiva para desvelar los enigmas.
La calavera de cristal de Akaton que centra el interés del Doctor Jones en su celebrado regreso y, fuera de la pantalla, tres de las trece calaveras que presuntamente existen -y que son capaces de hablar y cantar-, se encuentran en los museos Quai Branly de París, el British Museum de Londres y el Smithsonian de Washington.
Provenientes de las culturas azteca y maya, están relacionados con los Itzas, unos personajes que, según la leyenda, provenían de la Atlántida y trajeron en ellas el conocimiento a la Tierra.
El mito asegura que juntar las trece calaveras conseguiría detener el mundo, algo que de momento no sucederá porque un análisis reciente reveló que las piezas exhibidas en los tres museos fueron talladas, probablemente, en Europa en el siglo XIX.
“Estas calaveras de cristal de cuarzo generaron gran interés y fascinación cuando empezaron a aparecer en las colecciones públicas y privadas de la segunda mitad del siglo XIX”, pero “parece improbable que (las reales) existan, ya que ninguna ha sido encontrada entre las numerosas y precisas excavaciones arqueológicas”, informa el British Museum en su página web.
Pero todo empezó con el Arca de la Alianza que, ateniéndonos al desenlace de “En busca del arca perdida” (1981), permanece en un almacén de Estados Unidos camuflada entre objetos sin especial valor.
En realidad, el paradero del cofre de acacia negra, en el que según el Antiguo Testamento se guardan las tablas de la ley que Moisés recibió de Dios en el Monte Sinaí, sigue siendo un misterio.
La Biblia pierde la trayectoria del arca en la época del rey Salomón, y aunque hay teorías que afirman que permanece oculta en Jordania, estudios arqueológicos desvían el punto de mira hacia Etiopía.
Recientemente, investigadores de la Universidad de Hamburgo han encontrado allí restos del palacio de la legendaria reina de Saba en la ciudad santa de Axum, en el estado federado de Tigray, al norte del país.
La religión Copta de Etiopía asegura que de la breve relación entre la reina de Saba y el rey Salomón nació un hijo, el futuro Menelik I, rey de Etiopía, quien presuntamente llevó el Arca de la Alianza desde Israel a su país y la guardó durante largo tiempo en el templo ahora descubierto.
Pero la cotizada reliquia, según se cree en Etiopía, estaría actualmente en la Iglesia de Nuestra Señora de Sión, en Axum, donde es custodiada por la única persona autorizada para verla o tocarla, un sacerdote descendiente directo de los levitas, la tribu de Israel responsable de su cuidado desde que fue construida para acoger los Diez Mandamientos.
En 1989, Harrison Ford, con ayuda de su padre, interpretado por Sean Connery, buscaba otra reliquia: el Santo Grial, la copa en la que Jesucristo bebió el vino en La Última Cena y que, según la imaginación de Lucas y Spielberg, estaba tallada en la madera que había trabajado San José.
Aunque en la película acababa escurriéndose entre las grietas de un templo en Alejandreta (actual Turquía), su existencia es más dudosa debido a la ausencia de referencias directas en La Biblia.
En el siglo XIII, Wolfram von Eschenbach desató la presumible leyenda con su poema épico “Parzival”, inspirador de la ópera “Parsifal” de Wagner, y la primera tentativa de vincular el Santo Grial con la orden de los templarios y las cruzadas medievales.
De hecho, los caballeros italianos de esta orden aseguraron en 1995 que el legendario cáliz se encontraba bajo su custodia en Roma desde los años setenta, en contraposición al descubrimiento del psicólogo británico Graham Phillips, quien aseguró haber encontrado el legendario cáliz en un viejo desván de una casa de campo de Rugby (Inglaterra).
España también ha explotado las posibilidades turísticas del Santo Grial, hasta el punto de que la Catedral de Valencia asegura albergar el original y como tal fue utilizado en 2006 por el Papa Benedicto XVI en su visita a la ciudad.
http://www.soitu.es/soitu/2008/05/18/info/1211121732_734840.html
…..![]()
.
Indiana Jones o el elefante en la cacharrería
- Por donde pasa, no deja piedra sobre piedra. Puede que sea el peor arqueólogo del mundo. ¿Y qué importa?
JAVIER YANES, Publico, 19/05/2008
Henry Walton Jones Junior nunca publicará en Science o Nature. Ninguno de los miles de artículos científicos firmados por Jones et al le corresponde a él. Pero es el arqueólogo más famoso del planeta. Sus colegas de carne y hueso, los auténticos expertos en desenterrar esa pieza del pasado sin aniquilar el templo que la contiene, mantienen con él una relación ambigua: “la ciencia no es eso”, afirma el arqueólogo y antropólogo Eudald Carbonell, uno de los científicos nacionales que –sombrero incluido– calca más fielmente la imagen de Indiana Jones. “Pero yo hacía arqueología mucho antes de que él existiera”, aclara.
Carbonell se excluye rápidamente de los “elitistas y decimonónicos” que vilipendian la visión hollywoodiense de su especialidad. “Es un personaje atractivo”. “La gente siente pasión por el romanticismo y la aventura, además de la quimera de encontrar lo que nunca antes se ha encontrado”. Y nadie mejor que el héroe de George Lucas y Steven Spielberg ha contagiado al público el calentón que provoca ser el primero en descubrir esa pieza que había esquivado los ojos humanos bajo siglos de polvo y olvido. El propio científico catalán se desmarca de ese 70% de trabajo de biblioteca con que el propio Indy adoctrinaba a sus alumnos. “Soy un arqueólogo de campo; allí paso cinco meses al año”, dice Carbonell. En este tirar al monte, Indy no hace más que ser fiel a sus raíces, que han chupado más de los nutrientes aventureros que de los académicos.
Como muestra, ahí están las referencias del personaje en el mundo real. Suelen citarse el descubridor del enclave inca de Machu Picchu, Hiram Bingham III, y el cazador de dinosaurios Roy Chapman Andrews, dos inspiraciones nunca confirmadas por el tándem Lucas-Spielberg. Pero hoy también forma parte indivisible del concepto Indy un estrambótico ex-pastor baptista, arqueólogo bíblico y buscador del Arca de la Alianza llamado Vendyl Jones, que desde el estreno de la primera entrega de Indiana cuenta a quien quiera escucharle que un colaborador fusiló su perfil para escribir el primer borrador de En busca del arca perdida. Según la web de su instituto, este Jones “supo a los 16 años que su vida debía dedicarse a hacer el trabajo de Dios” –escrito G-d en lugar de God, según la costumbre judía de no nombrar al creador–.
Por último, y a pesar de que Indy se presentase como invento de nuevo viejo cuño, se olfatea un tributo a Allan Quatermain, el héroe de Las Minas del Rey Salomón que Henry Rider Haggard inventó para autorretratarse y para demostrarle a su hermano que cualquiera podía escribir algo mejor que La isla del tesoro de Stevenson. Quatermain no era arqueólogo, sino el gran cazador blanco troquelado en la factoría victoriana de los exploradores. Y por esos azares de la vida, si la textura de Jones se tejió con mimbres de Quatermain, las versiones post-Indiana de éste –como la que protagonizó Richard Chamberlain– han sido fotocopias desvaídas de Indiana.
Ciencia turbia
Si la imagen del doctor Jones se aleja de la luz, no menos su ciencia. El primer episodio ya se abría con lo que iba a ser la tendencia de la saga. El ídolo de oro que casi le cuesta al héroe un chinazo de varias toneladas es, según publica la experta Jane MacLaren Walsh en la revista Archaeology, tan falso como el pedrusco. Se trata de la reproducción de una imagen en piedra de la diosa azteca Tlazolteotl dando a luz. Pero a pesar de que el Museo Dumbarton Oaks de Washington exhibe con orgullo la estatuilla original, el examen que Walsh ha practicado con un microscopio electrónico no deja dudas: fue tallada con instrumentos del siglo XIX.
Para la arqueóloga, un sospechoso aroma a fraude ya se desprendía del nombre que aparecía ligado al ídolo: Eugène Boban, un anticuario francés del siglo XIX cuya presencia parece haber perseguido a la investigadora como el malvado Bellock –también francés– a Indy. El mismo Boban está en el cogollo de la materia en la que Walsh se ha especializado durante los últimos 16 años, las calaveras precolombinas de cristal que centran la última entrega de la saga Indiana.
En el siglo XIX afloraron en México varias cuentas de cristal de roca talladas en forma de calavera. Antes o después estos objetos pasaban por las manos de Boban, que se estableció en México con la invasión francesa y construyó un boyante tinglado arqueológico. A lo largo de los dos últimos siglos aparecieron calaveras de mayor tamaño que se conservan en museos y colecciones de París, Londres y EEUU. La propia Walsh posee una en su despacho, que la institución Smithsonian en la que trabaja recibió en 1992 de un donante anónimo. Pero todas tienen algo en común: para Walsh, son falsificaciones, incluso las que el Museo de México exhibe como auténticas.
Frente a la arqueología real, la ventaja del cine es que todo es falso, luego nada lo es. Todo fan de Indy que haya visitado el Kazneh (Tesoro) de Petra ha esperado encontrar tras el umbral, como en La última cruzada, una vetusta caverna tapizada de telarañas adentrándose en las tripas humeantes del planeta. Pero dentro de la intrigante sepultura de los nabateos, que Jones también se ocupaba convenientemente de pulverizar –por suerte, respetando la fachada–, no hay nada más que un muro. Viajar es grande, pero a la espera de verano y vacaciones, ahora toca disfrutar de Indy. Tras la pantalla de cine, a diferencia del muro de Petra, siempre habrá algo más.
Foto: Indiana Jones, en la cuarta entrega de la saga. PARAMOUNT PICTURES
http://www.publico.es/ciencias/092043/indiana/jones/elefante/cacharreria
…..![]()
.
In memoriam de Indiana Jones
El cuero cabelludo de cristal. Para peinarlo hacen falta púas de diamante y el peine te sale por un pico, golpe va y golpe viene en las profundidades, sacándole esquirlas al esqueleto de la tierra. Peinar la calavera de cristal cuesta un trabajo: el que NO se ha tomado Lucasfilm en esta última aventura Indiana Jones contra la fuente de la edad, que es uno mismo.
Dignidad sobre el filo de lo que sierra el tiempo. Pero ni Steven Spielberg es Sam Peckinpah, ni Harrison Ford es Joel McRea, o Randolph Scott, o papá Sean Connery: un pimpollo en la fotografía. Cuestión de carácter. El tiempo no -nos- trata bien a los niños de la televisión. Pero no son los rostros sino los hechos, aunque tal vez sea cierto que uno acaba por tener la cara que uno se merece, que es la que los hechos nos deparan. Quizás incuso en el cine. La acción, como el humor, tiene que sustentarse sobre una estructura consistente, porque caso contrario no funciona. Guión -e intención- soso, flojito, sobre hilvanes. ¿Quiénes son, qué pretenden, los que atacan a Indiana y a Indianito en las tumbas? Y en la Ciudad Perdida, ¿quiénes son? ¿Para qué devolver la calavera? ¿A qué viene lo de “borrar las huellas”? ¿Qué hace John Hurt ahí? En la memoria el precursor de Indiana Jones: ‘El secreto de los incas’ (Jerry Hopper, 1954), con algo que devolver, por un motivo. Y en la memoria -sólo de profesor en la Universidad se recupera al personaje y en la escena final, con el sombrero que busca sucesor: no todavía-; en la memoria, el propio Indiana Jones.




























